“Vendo mi cuerpo, para sacar adelante a mi familia”

‘Tania’ está lejos del glamour que la industria del sexo ha vendido. Ella no es una despampanante mujer creada artificialmente por los cirujanos y el silicón incrustado en la piel.


Cada ciudad grande del mundo tiene su famosa “zona roja”, ésa donde los gobiernos han implementado, a lo largo de la historia, una válvula de escape completamente estimulante, para ciertas conductas físicas que se presentan en los individuos que conforman la sociedad. 

Por ello, calles como la Coahuila, pertenecientes a la Zona Norte en Tijuana, albergan a cientos de sexoservidoras, mismas que integran, una por una, las cerca de 7 mil personas (entre hombres y mujeres) que se dedican a la prostitución en la ciudad: cifras con base a estudios hechos por el COLEF, bajo la argumentación de lo publicado en el Periódico Oficial del Estado de Baja California. 

Pilar de la familia

Una de las 7 mil, es la mencionada ‘Tania’, quien contrario a cualquier chica de 22 años, que podría estar acabando una carrera universitaria, tiene que ocupar su mente y su esfuerzo, para solventar la vida de sus cuatro pequeños hijos, además de la de su marido que se encuentra detenido en la Penitenciaría del Hongo desde hace cerca de dos años. 

‘Tania’ está lejos del glamour que la industria del sexo ha vendido. Ella no es una despampanante mujer creada artificialmente por los cirujanos y el silicón incrustado en la piel, pero no por eso, su rostro deja de ser atractivo y fresco, todo bajo una inocencia que se niega a irse de su ser, a pesar de todo el yugo físico y emocional al que se ha sometido. 

La delgadez de su cuerpo, que enuncia un pronunciando escote que es digno de envidia de varias mujeres, muestra su mayor orgullo: sus senos, ésos que ha entregado a varios hombres, para que -como ella lo mencionó- sus hijos tengan algo que comer y vestir. 

“Mi esposo no sabe a lo que me dedico y yo no sabría lo que él sentiría sí se entera; tenemos seis años juntos”, se sinceró la joven, mientras relataba que su hermano es el único que conoce de su profesión, y ya no quiere que siga trabajando en ello. 

En el encuentro con ‘Tania’, realizado justo frente a la Plaza Santa Cecilia, donde decenas de mariachis y conjuntos norteños andan en busca de románticos melómanos, el sol buscaba aferrarse a sus apiñonadas piernas, las cuales nunca han cedido, porque sabe que tienen que cargar con el peso de toda su situación. 

“Hay veces que no sacó nada, y cuando sí, son de 300 a 400 pesos por noche, con tres servicios” expuso la mujer, quien detalló que es en el famoso “Callejón” donde realiza sus actividades. 

Miedo a la Policía 

“No, no trabajo para nadie, soy sólo yo por mi cuenta”, remarcó al ser interrogada si tenía un “padrote”, esos mismos que son señalados de tenerlas a su disposición sexualmente y quitarles un porcentaje de su dinero a cambio de darles “protección” 

Aunque de quienes sí hizo mención fue de los oficiales de la Policía Municipal. 

“A los policías si no les damos dinero nos llevan; nos piden de 200 para arriba, yo una vez no les di, y me llevaron detenida en la patrulla, que porque según me andaba peleando, pero no tienen ningún argumento, porque tenemos todo en regla y yo por eso siempre cargo mi tarjeta de Salubridad”. 

Su vecina la encarriló 

Recordó su llegada a la prostitución, al mencionar que fue una de sus vecinas quien le dijo que en ese trabajo se ganaba bien; pero eso sí, nunca le dijo lo mal que se sentiría la primera vez que entregaría su cuerpo por dinero a un hombre, con el cual no deseaba tener intimidad. 

“La primera vez sentí muy feo. Al estar desnudándome en el cuarto me sentía bien agüitada. Después de acabar no tenía ganas de salir ya”, recordando que se cuestionó duramente al verse al espejo sin ropa y detrás de ella un sujeto desconocido recostado sobre una cama de un cuarto maloliente, dejándole algo de dinero sobre las sabanas. 

Sin embargo, era tener esos sentimientos o no llevar el alimento a la casa y dejar a sus hijos con hambre, y ‘Tania’ lo sabía muy bien. Pero ahora fue clara, al exclamar que ya no se siente contenta consigo misma y busca salirse de ese mundo, al contar con el apoyo de su hermano. 

“Pienso que podría comenzar en otro trabajo; sé que es difícil, pero lo que más me duele es llegar y ver a mis hijos y saber que tal vez no pueda volver a besarlos, porque en la prostitución, uno no sabe a veces con quien se mete y más que pudor, a veces da miedo. Por eso me quiero salir”, se despidió, diciendo que traía mucha prisa, antes de perderse entre la gente. 

Historias como la de ‘Tania’ hay miles en la ciudad, donde las mujeres que se dedican a la prostitución, a veces son solamente vistas como un burdo objeto, sin saber que detrás de esos tacones, colorete, fragancia, y entallados vestidos, hay también sentimientos, sueños y familias que mantener. 


Texto realizado en 2016. La imagen de portada es ilustrativa.

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