Racismo contra hispanos en EU cobra más fuerza a raíz del tiroteo en Texas

Las cifras de la violencia armada en Estados Unidos son alarmantes. Más de 40.000 estadounidenses mueren cada año en actos de violencia con armas de fuego y unas 85.000 más resultan heridos por el mismo motivo.


Las teorías conspirativas y los comentarios racistas se han incrementado en Texas entre la comunidad blanca y anglosajona, que sigue observando a la migración como el gran cáncer de su país.

La regulación a la venta de armas sigue siendo la espina más filosa de Estados Unidos: por más que quiera ser extirpada, los intereses de las grandes compañías armamentistas se atraviesan y, casi siempre, son más fuertes.


El reciente tiroteo en Texas en el que murieron 19 niños y dos profesoras tuvo un cariz especial: casi todas las víctimas, e incluso el atacante, Salvador Ramos, eran de origen hispano. La policía local dejó, durante casi una hora, que el agresor disparara en contra de la comunidad estudiantil. Argumentaron que estaban esperando a las fuerzas especiales para contener la balacera. Al final, las autoridades reconocieron que su reacción fue errónea.

Horas después de la tragedia, en redes sociales se propagaron afirmaciones sin sustento acerca de Salvador Ramos, a quien señalaron por supuestamente residir ilegalmente en Estados Unidos o por ser homosexual o transgénero. Ninguna de esas aseveraciones es cierta. Sin embargo, en Twitter y Reddit las teorías conspirativas en contra de las comunidades latinoamericanas se difundieron rápidamente.

“El tirador de la escuela primaria Robb, en Texas, intercambió disparos con la patrulla fronteriza antes de entrar en la escuela. Era un extranjero ilegal buscado por asesinato en El Salvador. Esto es sangre en las manos de Biden y nunca debería haber ocurrido”, se lee en un mensaje que fue ampliamente reproducido en varias redes sociales, sobre todo en Twitter.


“No se necesita una bola de cristal para poder advertir que aumentarán los casos de racismo [en contra de la comunidad hispana], sobre todo porque las recientes oleadas migratorias han llegado con mucha fuerza”, asegura a Sputnik el internacionalista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Eduardo Rosales.

La lógica de muchos estadounidenses —sobre todo aquellos que son anglosajones, blancos y protestantes, los famosos WASP— funciona así: “Si entre los propios latinos se están matando, ¿qué nos espera a nosotros?”.

“Para ellos es más fácil creer en teorías de ese tipo en lugar de ver el problema real, que es la facilidad con la que una persona puede conseguir un arma en Estados Unidos, donde para un adolescente de 18 años es más fácil comprar una pistola que una cerveza”, apunta el también experto en políticas de derechos humanos para América Latina.

Tras la masacre de Texas, las autoridades y las organizaciones civiles deberán monitorear cada vez más a los grupos supremacistas blancos que han tomado como estandarte los discursos xenófobos y ultraconservadores de Donald Trump, quien durante su periodo presidencial emprendió una serie de políticas y discursos en contra de mexicanos, centroamericanos y latinoamericanos en general, a quienes asoció con los altos índices de criminalidad en el país norteamericano, advierte el especialista de la UNAM.

“La ecuación más peligrosa es cuando se junta la escasa regulación en la venta de armas con los individuos xenófobos, extremistas y racistas. Es un riesgo muy alto que estas personas tengan un acceso tan directo a pistolas y rifles de asalto. Ya quedó atrás la época de los terroristas islámicos, porque así los etiquetó Washington”, señala Rosales.

“Ahora el problema está en casa y, de algún modo, rebasa las fronteras estadounidenses, porque aunque las matanzas son internas, Estados Unidos es un país donde la élite ultraconservadora y belicista exporta sus armas a todo el mundo. Qué deshonroso es que la gran potencia del mundo viva esta situación, cuando tendría que ser la que pone ejemplo”, afirma.

Una Constitución torcida y manipulada

El gran problema de Estados Unidos con sus armas descontroladas es político. Si bien la Segunda Enmienda de la Constitución de ese país protege el derecho del pueblo estadounidense a poseer y portar armas, la realidad es que este apartado ha sido tergiversado para satisfacer los intereses del lobby armamentista.

“[Los fabricantes y distribuidores de armas] son donantes del Partido Republicano. Detrás de este negocio hay empresas multimillonarias que protegen sus propios intereses. Recordemos que el tráfico ilegal de armas es el negocio más redituable del mundo. [Las armerías] son donantes importantes para los republicanos, ellos siempre estarán del lado donde esté el dinero”, asegura Héctor Pérez Rivera, abogado especializado en derechos humanos y certificado por el Institute for International Criminal Investigations (IICI).

Lo ideal, dice, sería que el ala republicana no pudiera recibir dinero de estas compañías, pero la realidad es que la lógica bajo la cual opera el negocio armamentista es muy sencilla: “Yo fabrico armas para que la gente se defienda de un terrorista”.

“Si los guardias de la primaria de Texas hubieran tenido armas, se habrían defendido y nada de esto hubiera pasado. Es un argumento simplista, pero es al que tienen los fabricantes de armas de Estados Unidos. Lo interesante, ahora, será ver si los demócratas aprovechan esta situación, aunque la verdad no ha habido una convicción real para acabar con el cabildeo de armas”, observa Pérez Rivera.

Gran parte de la manipulación de la Segunda Enmienda para engrosar las ganancias de la industria armamentista estadounidense pudo verse la tarde de este 27 de mayo durante la Convención Anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Allí, el expresidente Donald Trump lamentó las muertes del tiroteo en Uvalde, pero el primer plano de su discurso fue muy claro: Estados Unidos debe estar armado hasta los dientes para protegerse de amenazas internas o externas.

“Siempre habrá enfermos y demoniacos, almas que deseen hacer daño a los inocentes y vean triunfar la maldad sobre el bien, pero la existencia del mal en nuestro mundo no es motivo para desarmar a los ciudadanos respetuosos de la ley”, dijo Trump ante inversionistas, fabricantes y líderes del negocio armamentista.

“Claramente tenemos que hacer que sea mucho más fácil confinar a los violentos y mentalmente trastornados en instituciones psiquiátricas”, añadió el magnate republicano, al tiempo que el gobernador texano, Greg Abbott, adoptó una postura similar pese a que días antes sucedió la peor matanza estudiantil de Estados Unidos en una década.

La NRA es la organización defensora de las armas más importante del país norteamericano. Cada año cabildea en el Congreso para mantener un statu quo favorable para su negocio. Desde 1791, la Constitución avala la portación de armas entre los ciudadanos estadounidenses.

“La Segunda Enmienda de Estados Unidos ha sido tergiversada, torcida y mal interpretada. ¿Quién lo ha hecho? Mucha gente. Y ahora, sobre todo, los republicanos, pese a que Biden ya ha pedido que se actúe en contra del lobby de las armas. Un lobby, cabe recordar, que está al servicio del complejo industrial militar de Estados Unidos, el cual vende más de 5 millones de armas al año”, asegura el internacionalista de la UNAM, Eduardo Rosales.

Las cifras de la violencia armada en Estados Unidos son alarmantes. Más de 40.000 estadounidenses mueren cada año en actos de violencia con armas de fuego y unas 85.000 más resultan heridos por el mismo motivo, de acuerdo con datos de Everytown For Gun Safety, organización que desde hace años lucha por mayores regulaciones en la venta de armas.

Además, la tasa de mortalidad por armas de fuego en Estados Unidos es 13 veces mayor a la de otros países de primer mundo. Tan sólo en lo que va de 2022, se han registrado 213 tiroteos masivos.

El 25 de mayo, el periodista español Guillermo Fesser hizo una polémica declaración acerca del reciente tiroteo en Texas, estado donde él fue profesor en muchos colegios:

“Sé que hay un presentador de Fox News que se llama Tucker Carlson y que tiene un programa de prime time seguido por seis millones de personas y que lleva 400 programas seguidos manteniendo que existe una teoría del reemplazo. Les cuenta a los estadounidenses, noche tras noche, que el presidente Biden quiere abrir las fronteras de Estados Unidos para que los negros y los latinos invadan el país y destierren a la gente de raza blanca”.

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