Microplásticos en la sangre asociados a la depresión: ¿qué hacer para evitarlos?

En pacientes deprimidos se detectaron niveles muy altos de butil bencil ftalato y bisfenol S, componentes químicos peligrosos embebidos en polímeros plásticos.


Por: Fernando Guzmán Aguilar


Mientras un grupo de científicos holandeses de la Vrije Universiteit Amsterdam solo han encontrado microplásticos en el flujo sanguíneo de un grupo de personas sanas, en México, un equipo multidisciplinario descubrió componentes químicos de microplásticos en suero humano que relacionó con una enfermedad muy importante no sólo en nuestro país, sino también en el mundo.

Más aun, el equipo de Jorge Morales Montor, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, descubrió por primera vez que hay “una asociación de moléculas componentes de los microplásticos con una enfermedad crónica debilitante: la depresión mayor”.

El equipo, además del doctor Morales Montor, está integrado por el doctor Lenin Pavón, del Instituto Nacional de Psiquiatría, el doctor Omar Amador y las doctoras Margarita Isabel Palacios Arreola y Karen Elizabeth Nava Castro, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC), así como por la doctora Mariana Segovia Mendoza, de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En su trabajo “Environmental pollution to blame for depressive disorder?”, que se publicó apenas en febrero pasado en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health, los investigadores mexicanos informan de este importante hallazgo a la comunidad científica. A la fecha ha sido descargado más de cinco mil veces.

Los componentes de micro plásticos encontrados por Morales Montor y colaboradores en pacientes con depresión mayor son cuatro ftalatos y dos bisfenoles, moléculas que todo el tiempo y toda la vida estamos respirando, bebiendo o comiendo.

Plastioceno

En la era actual, llamada por algunos como plastioceno, los microplásticos y sus componentes están en el aire, la tierra y el agua.

En los océanos del mundo hay siete islas de plástico, algunas del tamaño de Cuba y de Francia, que por el calentamiento global desprenden ftalatos y bisfenoles, los más peligrosos componentes de los microplásticos.

Estos componentes se encuentran en plásticos duros, utilizados en la fabricación de recipientes de plástico de uso doméstico, y en los plásticos blandos, como el de las bolsas de un solo uso.

Todo el tiempo los estamos respirando con el aire. En el país hay muchas fábricas de plástico que con sus emisiones los liberan a la atmósfera. También los comemos y bebemos todos los días en los alimentos enlatados y en las botellas de agua.

Como los ftalatos y bisfenoles son componentes químicos que no tienen enlaces covalentes (no están unidos fuertemente), se desprenden fácilmente de su matriz sólo con cambiar la temperatura o al pasar de un medio ácido a uno alcalino o al revés.

Cuando uno mete un recipiente de plástico al microondas o durante horas deja la botella en el carro bajo el sol, se desprenden y contaminan los alimentos y el agua.

Algunos ftalatos se utilizan en fijadores de maquillaje, perfumes, desodorantes y otros productos de uso frecuente, de manera que todo el tiempo estamos expuestos a ellos.

Datos preocupantes

“En el Instituto Nacional de Psiquiatría medimos los sueros que nos proporcionó el doctor Pavón, con quien trabajamos en un proyecto para encontrar una prueba molecular que permita diagnosticar la depresión en población abierta”.

Lo que encontró el equipo de Morales Montor fue muy interesante. El primer dato duro fue que en todos los sueros analizados, tanto de pacientes con depresión mayor y en otros, “circulaban los cuatro ftalatos que más se detectan en aire y agua, así como dos bisfenoles”.

El otro dato “espectacular y preocupante” fue que circulan en niveles de nanogramos. Para un compuesto que no es nuestro y que circula en la sangre es una cantidad “verdaderamente alta”.

Luego se corroboró que “estaban asociados” con depresión mayor, porque los pacientes con esta enfermedad mostraron altos niveles “de al menos un ftalato”.

El que encontraron mayormente asociado se llama butil bencil ftalato: cinco mil nanogramos por mililitro de suero. El segundo fue bisfenol S: doscientos nanogramos por ml, lo cual “es una barbaridad”.

Que sea la primera vez que se asocia la presencia de un compuesto de este tipo en suero humano a una enfermedad tan ubicua como la depresión “llamó mucho la atención en la literatura”, dice el investigador.

Crisis mundial de salud

Hay una crisis mundial de salud porque la mitad de la población del mundo padece algún tipo de depresión; de ese porcentaje, apunta Morales Montor, entre ocho y doce por ciento sufre depresión mayor.

“La depresión mayor es la principal causa mundial de discapacidad y la primera causa de morbilidad o enfermedad. Lo peor es que más de 85 por ciento de los afectados no reciben tratamiento”.

Si alguien “ya trae predisposición genética”, los bisfenoles y ftalatos “van a ser catalizadores para que desarrollen la enfermedad”.

Otros factores de riesgo para depresión son la obesidad, las enfermedades crónicas o terminales como cáncer, pero también el tabaquismo y el alcoholismo.

A diferencia de la depresión menor, caracterizada por ser episódica (todos en algún momento de la vida la hemos padecido: no dan ganas de nada), en la depresión mayor se padece un mal estado de ánimo permanente porque hay un desequilibrio en diversos neurotransmisores —principalmente la serotonina— que regulan las conductas y estados de ánimo.

El paciente no se recupera simplemente con querer hacerlo por lo que hay que medicarlo, porque la depresión mayor es una afección del ánimo, en la que se experimentan alteraciones conductuales, profunda tristeza, pérdida de interés en las actividades cotidianas y dificultad para experimentar placer.

Recomendaciones

Los ftalatos y bisfenoles son disruptores endocrinos. Así se conoce a las moléculas que tienen estructuras similares a algunas hormonas esteroideas propias de los humanos y que al entrar en el organismo se adhieren a receptores de hormonas propias del organismo (receptores para estrógenos, andrógenos y otros) y afectan el funcionamiento de nuestro sistema hormonal e inmunitario.

Por esta razón, Morales Montor recomienda:

1. No calentar en el horno de microondas bebidas y comida en recipientes de plástico.

2. No consumir comida enlatada. Todas las latas tienen un forro de plástico hecho a base de bisfenoles y ftalatos.

3. No calentar biberones en microondas porque liberan bisfenoles y se mezclan con la leche que consume el bebé.

4. No consumir agua en botellas de plástico que han estado por más de cuatro horas en el calor.

5. No usar recipientes de plástico para transportar alimentos.

6. Reciclar, reducir y reutilizar.

Las tres R y políticas públicas
El “arte de reciclar, reducir y reutilizar, ayudaría a disminuir la producción de plásticos en el mundo, asegura Morales Montor.

Con el fin de lograr las tres R se deben diseñar políticas públicas para la regulación del uso y producción de plástico, para regular la concentración permisible de ftalatos y bisfenoles en la atmósfera como se hace con el ozono, e implementar programas educativos para una mayor concientización de la sociedad sobre el peligro de usar plásticos.

Inversión en investigación. Quienes trabajan en el metabolismo de las bacterias y en ingeniería genética podrían formar consorcios para crear microorganismos capaces de biodegradar plásticos.

Alentar la fabricación y uso de bioplásticos. Con el hueso de aguacate y la mazorca del maíz se pueden fabricar polímeros que serían biodegradables.

Otra política podría ser “cero plásticos” en zonas turísticas. No se debe permitir que los turistas introduzcan y usen recipientes de plástico en hoteles y playas.

Con la aplicación de este tipo de medidas, “hemos calculado que se podría reducir en al menos 50 por ciento la producción y la contaminación por nuevos plásticos”, finalizó el investigador.

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