Cinco horas antes de Vallarta

La última etapa romántica que tuvimos como humanidad, acabó cuando Zinedine Zidane le dio el cabezazo a Materazzi. Millones emigraron de manera insitu, y se dirigieron al ciberespacio, a las tierras donde se cultivaba la electrónica y florecía el píxel de forma generosa

-Hace un mes ni siquiera hubiera pensado que estaría sentado aquí. A través de un ventanal hago lo que casi siempre termino ejecutando aunque no siempre busque: ser un lente que capta todo. Aunque esta vez en la realidad: en el mundo de los orificios que se cierran y laten. En el mundo del placer, de las contracciones vaginales, de la pus en las heridas mal sanadas, del olor, del semen que se seca en el tronco de la verga por no llegar al útero; en el mundo de la sangre, de los cuerpos mutilados, de las erecciones o disfunciones, el de las filias de Ballard, de Cronenberg y en el de los cientos de licenciados en criminología que estudian eso por no tener las agallas para ser matones a sueldo, porque, ante todo, tienen remordimientos y no quieren nada que les perturbe su sueño, el mismo que les vela el olor de su perfume Nautica que va muriendo en sus camisas.

-Hoy dialogaba con el conductor de Uber. Me decía que él “era muy joven cuando mataron a Colosio”. No sé por qué, mientras lo oía, me vinieron a la mente algunos de los personajes de Roberto Bolaño. Me sentí en su cuento de “Gómez Palacio”, aunque no hubiera ningún vínculo conector con esa obra. El chofer me contaba que el sonorense prometió acabar con la corrupción del IMSS, porque la gente ya estaba harto de eso. “Aunque hayan pasado veinte o más años, miré el video de su discurso en Youtube, y pues sí se siente”. “Sí, pues sí”, le contesté, recordando, no sé por qué chingados, que ser un tecnócrata -como Zedillo- debe de ser lo más cabrón en este mundo. Comer con tortillas, usar Casio con Cole Hann y Ralph Lauren es algo que no es para cualquiera. Al final, terminamos hablando de los tacos varios, de Carnicería El Florido y de que las Sabritas ya están muy caras, no sin antes, decirme, que pisar el clutch de su carro le provoca dolores en su rodilla, por lo que destina alguna parte de su tiempo en tener que hacer ejercicio en el CREA. “Que tengas buena tarde, Campeón” me despedí.

-Toda mujer y hombre debe de tener lista una cartografía muy personal, siendo utilizable para defecar ante una emergencia. Cada una de las nueve delegaciones de esta ciudad debe de tener algún baño decente, al menos. En Zona Río es donde más abundan y es entendible. El último piso del Hospital Ángeles en su torre de pacientes o consultorio, el lobby del Hotel Lucerna son algunos de tantos. El ano merece intimidad, limpieza y el tiempo del mundo para ejercer su trabajo de buena forma.

-La última etapa romántica que tuvimos como humanidad, acabó cuando Zinedine Zidane le dio el cabezazo a Materazzi. Millones emigraron de manera insitu, y se dirigieron al ciberespacio, a las tierras donde se cultivaba la electrónica y florecía el píxel de forma generosa, que porque ahí era el nuevo mundo, la tierra prometida. Todavía se guardaba la esperanza, pero esa tarde, en Berlín, en ese mismo sitio donde Hitler se erigió como lo que fue, no sólo Cannavaro levanta un trofeo de oro, daba cerrojo final  a todo eso que ahora añoramos. Zidane no sólo mató a Francia. Mató al mundo y lo que era.

-Como una elipsis, se me vinieron a la mente mis últimas clases frente a mis alumnos, en las que, abordando la gestión de la información, les hablaba de la segunda muerte que tenemos, y que, por circunstancias de ubicuidad digital, Daniel Salinas Basabe me recordó con un breve pero sustancioso texto hace algunos días: la muerte que llega por olvido; esa que nos duele reconocer, pero que en la combustión de nuestros silencios sabemos que es la muerte de verdad y de la que ya no hay ofrenda que nos haga volver. Sí, ahora es la muerte de los pixeles que dibujan nuestra carne o las letras de nuestros pensamientos.

-Hay que asaltar las calles -me lo he dicho desde hace tiempo- pero ya no es lo mismo. Ya no hay ese coraje colectivo. Hay que volver a fijarse en las calcetas de la señora que espera a cruzar el semáforo. Ver las lagañas y la caspa del que va sentado en la parte delantera del taxi. Oler la cagada que diariamente defeca esta ciudad, y comer, comer y comer.

-Foucault hablaba de la pena que “seguía a la muerte cuando los cuerpos eran mutilados y exhibidos para después quemarlos y esparcir sus cenizas de manera que no quedara rastro de los hombres impuros”. 2020 y aún no se le ha comprendido

-Antes de aferrarme a una auto-eutanasia digitemporal (por cuestiones de efectividad laboral), miré mis fotos, mis avatares, esos mismos que seleccione de forma cuidadosa, para recibir elogios, aunque algunas veces sólo buscaba crearme una situación para cojer duro y sin compromisos.Y los miré, y entre otras cosas, me di cuenta que realmente envejezco, pese a que, osadamente, alguna vez llegué a pensar que era inmortal. No soy el único. Ya comenzó el proceso de mis primeras canas. Mis ya casi 36 tenían que cobrar la factura a mi sordidez.

-Alguna vez, nos recuerda, Eduardo Barrera en Tipografía de la Violencia, Meadows nos señaló que, “el avatar que es un autorretrato virtual tiene un término que proviene del sánscrito “avatāra” que es “descenso”. En el hinduísmo es un descenso de los altos niveles espirituales hacia los bajos niveles de existencia a través de encarnaciones”.

-Vuelvo a donde estoy físicamente y recapitulo mi estancia aquí, y sé que todo fue por una deriva ya no tan azarosa, sino por la simple decisión del botón “enter” del teclado de mi computadora y por la memoria de mi mano-. Así es, por eso es donde estoy, al menos ahora.

Cinco horas después estoy trepado en un avión que se dirige a Vallarta. Eso ya no fue por azar, ya mi prometida lo había planeado y me tenía la sorpresa justo para hoy. Sí, así son las cosas en estos días.

Alonso Valenzuelahttp://aldea84.com/
Comunicólogo por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. 13 años de experiencia en medios impresos y digitales. Catedrático por pasión. Desde 2020 director de Aldea 84. Buscando construir una sociedad responsable y con un alto sentido crítico.

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